Archivos Mensuales: enero 2012

¿Cuál sería el ateo perfecto?

“El ateo perfecto está de pie en el penúltimo escalón anterior a la fe perfecta (lo suba o no lo suba), mientras que el indiferente no tiene ninguna fe, aparte de un miedo maligno” (Dostoyevski)
Decía un amigo que a él los ateos, los “ateos de verdad”, según su expresión, le llevaban a abrirse más y más al misterio de Dios, a salir de sus medidas y criterios.  No le provocaban rechazo sino preguntas, examen personal de sí mismo para ser consciente del Dios en el que cree. Y se preguntaba en voz fuerte de manera que todos fuimos entrando en sus preguntas: ¿Cuál sería el ateo perfecto? Sí, decía, el ateo de verdad, no el ateo por política o por otros intereses..
¿Qué quería  decir con el ateo perfecto? El ateo del que habla Dostoyevski. El que está en el penúltimo escalón anterior a la fe perfecta. El ateo que negara no el Dios en el que muchos dicen creer pero que luego no tiene nada de sentido en su vida. El ateo que negara no el Dios que el hombre imagina, el que el hombre juzga con una inteligencia que parece superior a la de Dios, o un Dios al que se sienta en el banquillo de los acusados para juzgarlo. Un Dios ante el que el hombre se puede poner con una mirada más o menos curioso, o incluso sarcástica. No ese Dios, como  decía la persona que suscitó el tema, al que podemos mirar por encima del hombro. O un Dios nebuloso, diluido, esfumado. Habría que negar al Dios que mereciera la pena negar. Hay negaciones de Dios que ni le rozan, o mejor dicho negaciones que son más próximas al misterio de Dios que muchas afirmaciones. Negaciones que ponen de manifiesto precisamente lo que Dios no es. Lee el resto de esta entrada

Sonriendo has dicho mi nombre

Sí pertenece a una canción conocidísima. Se llama Pescador de hombres. El texto y la música son del sacerdote vasco Cesáreo Gabaráin, creo que murió en 1991.
Todos sabemos que era una de las canciones preferidas del Beato  Juan Pablo II. La cantó en español en su viaje apostólico a El Salvador en 1983. Los polacos se la cantaban en polaco en su versión titulada “Barka”. Parece ser que la llevaron los grupos juveniles de Oasis  y  cuando se la cantaron en su viaje de 2002 a Cracovia les dijo: “en cierto sentido aquel canto de los oasis me había llevado fuera de la patria, a Roma. Su mensaje profundo me había sostenido también cuando me encontré ante la decisión tomada en el Cónclave. Después, a lo largo de todo el pontificado, nunca me he separado de este canto. Por otra parte, me lo recordaban continuamente, tanto en Polonia como en otros países del mundo.  Escuchar eso me hacía pensar siempre en mis encuentros como obispo con los jóvenes”. Lee el resto de esta entrada

Silencios llenos de riquezas

Por P. Fernando Pascual

Hay silencios que surgen desde el cansancio, o desde el miedo, o desde un extraño vacío interior. Son silencios que duelen: parece que no tenemos nada que decir, o que no hay nadie dispuesto a escuchar.

Otros silencios, en cambio, son como un pórtico que prepara diálogos fecundos, enriquecedores, llenos de esperanza. O como cuartos del alma que permiten acoger y profundizar en tesoros que han llegado a nuestras vidas.

Así es el silencio del contemplativo: un corazón se abre a Dios y empieza a acoger Su Palabra. Así es el silencio del misionero: mira al cielo para recibir un Mensaje magnífico que luego comunica a sus hermanos. Así es el silencio de quien, simplemente, escucha porque ama. Lee el resto de esta entrada

Capaces de entrar en contacto con la realidad: Venga Tu Reino

Somos seres capaces de entrar en contacto con la realidad desde una postura personal y así vivir de manera que el reino de  Dios venga a nosotros. Y esta es nuestra historia personal, nuestro contacto con la realidad, la historia de nuestra respuesta ante la realidad. “El hecho externo fecunda a la inteligencia interna como la abeja fecunda a la flor”,  es una preciosa metáfora del pensador francés Maritain sobre el conocimiento humano, sobre la riqueza y consecuencias del conocimiento humano.
Venga a nosotros tu reino, rezamos cada día. la gran fecundidad de la vida humana es caminar amando a Dios y a la tierra que el creó. Así he sentido la personalidad y la fuerza de un santo, Enrique de Ossó y Cervelló, el fundador de la Congregación religiosa a la que pertenezco. Vivió haciendo vida en su realidad concreta  la petición del Padre nuestro: venga a nosotros tu reino. Un sacerdote que afirmaba con toda su fuerza: “Seré siempre de Jesús, su ministro, su apóstol, su misionero  de paz y amor”.  La realidad externa, el hecho externo fecundó su inteligencia y su corazón y su respuesta está en toda su vida, en todo su ser, conocer, actuar. Pedía constantemente: “no me vaya yo de este mundo, Jesús mío,  sin haberte amado, y hecho conocer y amar cuanto me sea posible”. Lee el resto de esta entrada

La veracidad en nuestra vida

Sería muy bueno poder oír: no he dudado ni por un momento de la veracidad de tus palabras, o de tus juicios, o de tu conducta. Y, claro, sólo puede ser escuchado algo así, si se siente interiormente, si uno quiere ser  una persona veraz, fiable. Si, como dice Teresa de Jesús, anda la verdad en nuestro corazón.
La serenidad, la tranquilidad de la conciencia, el juicio sereno sobre uno mismo, son efecto de la veracidad.  De inmediato se percibe que la veracidad es la conformidad con la verdad. Y no nos vayamos por las ramas sobre la verdad.  Todos, en el fondo de nuestro corazón, sabemos lo que es la verdad. Sino ni se podría vivir. La veracidad no consiste en pensar, actuar, decir la verdad absoluta, sino la que cada uno, de la manera más honrada  y leal, está en condiciones de pensar, actuar y decir. La veracidad es la cualidad por excelencia del ser humano, y supone vivir de lo que se siente está en conformidad con la verdad. Veracidad en una persona supone claridad, fidelidad, formalidad, realismo, autenticidad, nobleza, honradez. Una persona veraz quiere, por encima de todo, ser franca, fiel, clara, auténtica, real, seria, noble, limpia, justa. Lee el resto de esta entrada

Si Dios me mira

Pues es cierto, pensémoslo desde nuestra más profunda intimidad: Mi vida solo tiene sentido si Dios me mira.
Es evidente que hablamos de la mirada que despierta vida, ánimo, todo lo mejor que puede sentir el hombre y que abre el horizonte. “Sí Dios me mira”,  podemos comprender lo que esto significa si pensamos en una persona que sintiera que nunca ha sido mirada, o por el contrario, en una persona que ha sido mirada con amor. ¿Qué hay en el fondo de nuestro corazón que es lo más originario que podemos sentir, aunque no seamos conscientes de ello? ¿No es la necesidad de haber sido mirados siempre  con amor, con comprensión, con respeto por Alguien que siempre es, y que realmente ha pronunciado nuestro nombre? Mi vida y mi muerte, mi alegría y mi sufrimiento, mis dudas y certezas sólo tienen sentido si he sido mirada y soy mirada, por un Tu que despierta todo mi “yo”. Lee el resto de esta entrada

Esperanza o expectativa

Una tensión producida entre dos personas que además de familia parecían amigas nos llevó a diferenciar con una de ellas, la enorme diferencia entre esperanza y expectativa.
Esperanza no es de ninguna manera lo mismo que expectativa. Las relaciones humanas no pueden entrar en la dinámica de las expectativas en el sentido de utilidad. Hace daño sentir en el interior que se está en esta dinámica tanto por parte del que está “a la expectativa” respecto del otro, como el que la padece. La persona, que vive así sus relaciones “a la expectativa” de lo que pueden producirle, es una persona que tiene que sanarse en su interior. Le falta, lo que decimos con una  expresión muy gráfica, “la buena intención ante la vida” y puede hacerse y hacer mucho daño. Las relaciones humanas para ser fecundas han de estar en otra dinámica, en la dinámica de la esperanza que es la dinámica de la fe, de la  veracidad, de la comprensión, del respeto, del amor. Lee el resto de esta entrada

Nuestra vida es vocación

Hay cosas que sabes y que si se piensan son evidentes, pero un día lo ves con una claridad y fuerza distinta. Me pasa muchas veces, y ahora concretamente me ha pasado con lo que nos ha transmitido el pensamiento personalista y en concreto Gabriel Marcel: la vida humana es vocación.
El hombre, cada ser humano, es un ser portador de luz, y su vida es una “llamada a ser”, una llamada a la que ha de dar su propia y personal respuesta. Esta llamada nos llega desde nosotros mismos, desde dentro. Aquello, que decía S. Agustín sintiendo la experiencia de S. Pablo: es más íntimo que yo mismo, y es en lo que somos, nos movemos y existimos. Lee el resto de esta entrada

¿Qué salísteis a ver?

¿Qué me conmueve y con qué me conmuevo realmente? ¿Por qué me conmuevo?  ¿Qué salgo a ver? ¿Qué hay en mi corazón? ¿Qué esperanza produce en mi alegría y entusiasmo, deseos de vivir? ¿O que carencias me invaden de tal manera que no me dejan reconocer?
Sí, es la pregunta de Jesucristo a la gente acerca de Juan Bautista ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida  por el viento? Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas?
Siempre la manera interrogativa de Jesús de Nazaret de ir a nuestras motivaciones más profundas y a nuestros anhelos. Salir de nosotros mismos para ver nuestra realidad y no estar distraído con lo que ni basta ni puede llenar la vida. ¿Qué salgo a ver? ¿Qué me conmueve? ¿Qué recuerdos hay en mi corazón? ¿Qué esperanzas? Ese hacernos poner ante nosotros mismos, deshacernos de pobres curiosidades y de falsas esperanzas. Ponernos ante lo que de verdad nos importa, ante lo que es esencial, lo que da sentido a lo que hacemos, sufrimos, gozamos. Esa bondad interna, llena de esperanza y confianza,  llena de fuerza. La gente salía a ver a un profeta, y como dice Jesús, más que profeta, porque era su mensajero, un enviado de Dios para abrir el camino a Jesús, el Redentor de la humanidad. Lee el resto de esta entrada

Lo que yo puedo hacer

Así de sencillo lo que yo puedo hacer. Lo que yo puedo hacer en mi vida, en mi diario y sencillo vivir, en  situaciones concretas, tan concretas como en este momento. No hablo ni de la historia pasada, ni de la futura, ni siquiera de los hechos presentes en general, de las diferentes crisis, de la falta de los  valores que realmente dan sentido a la vida. Sino de algo mucho más sencillo, de la realidad de lo que yo puedo hacer, de mis circunstancias y situación concreta.  Cómo aquella niña que, ante lo que estaba ocurriendo en su casa, le preguntaba a su mamá qué podía hacer ella. Y la mamá le contestó: “piénsalo, hija, todo lo que tu puedes hacer”. ¿Qué puedo hacer yo? Todo lo que realmente está en mis manos. Lee el resto de esta entrada