No cabe en sus mentes, ni en sus corazones

¿La persona de Jesucristo no cabe en las mentes y en el corazón de los que lo niegan?

Esta es una pregunta que requiere otra ¿Quién es Jesucristo? Muy pocos se preguntan si Jesucristo existió realmente. Se acepta, porque no se puede negar, que fue un hombre que caminó sobre la tierra de Israel, hace más dos mis años. La fecha hoy evidentemente sería  que nació hace unos 20 11 años. ¿Significa algo que la historia se divida en el antes y después del nacimiento de Cristo? ¿Qué ha significado y significa Cristo en la Historia de la humanidad, en ese antes y después de Cristo’? ¿Ese ser que se presenta como el alfa y la omega de la creación? Antes de Cristo todo orientado a la esperanza de su manifestación, y después ya todo se entiende desde El. El juicio sobre nuestra vida, sobre toda la historia.

La cuestión que debería plantearse seriamente es la identidad de Jesucristo, como dicen Chesterton y Lewis, dos grandes convertidos, y dos inteligencias excepcionalmente brillantes y lógicas. Algunas  religiones, y algunas  culturas muestran que Jesús fue un profeta, o un buen maestro, o un hombre devoto. Los hechos y las palabras  de los que nos han dado a conocer la figura de Jesucristo son afirmaciones que no admiten duda acerca de que este hombre fue y es el Hijo de Dios. No ha habido ningún hombre que haya dicho y hecho las cosas que El hizo y dijo. Un hombre que era simplemente un hombre y que decía esas cosas no podía ser un maestro de moral. Jesucristo fue y es el Hijo de Dios, o de lo contrario fue un loco o algo peor. No se puede condescender con ninguna tontería acerca de que fué un gran maestro humano. El no ha dejado esa opción abierta para nosotros. El no tuvo esa intención. Por tanto no se puede decir que se acepta a Cristo como un gran maestro moral, o una superestrella. El que no está conmigo está contra Mí. Sólo cabe el sí, o el no. La gran evidencia y la gran realidad: no se puede creer a medias en Jesucristo. Ante determinadas mentes y determinadas afirmaciones hay que decir una y otro vez: El no ha dejado esa opción abierta.

¿Qué demandaba Jesucristo? Lo que entendieron sus mismos contemporáneos, los sabios del momento: no te apedreamos por obras buenas, sino por blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” Y esto era lo que El afirmaba: Yo no me hago Dios, el Padre y Yo somos uno.  Antes de que Abraham fuera, yo soy. Y no sigo porque eso es la gran afirmación  desde el comienzo del Nuevo Testamento: en el principio era el Verbo y el Verbo era Dios. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron,  hasta la última página del libro del Apocalipsis: Cristo es el que reina, el Vencedor, el Juez, el Consumador, el Señor de la Historia, Aquel que está sentado sobre el trono.

El que fuera un buen maestro, una superestrella que dirían algunos hoy no es una opción. Porque de manera clara  e innegable Jesús afirmaba que era Dios. Si no es un mentiroso, y no es profeta, ni buen maestro, ni siquiera un hombre devoto. ¿Muchos “eruditos”, pisacortos del espíritu, tibios cretinos atiborrados de prejuicios, barrenderos de los científicos, gusanos de luz celosos del sol, gansos que no admiten el vuelo de las águilas (son adjetivos de Papini), que distan dos mil años de Jesús, van a tener una mejor percepción de lo que Jesús dijo o no, que la que tuvieron aquellos que vivieron, fueron enseñados por Jesús y dieron su vida por la Persona en la que creían? ¿Quiénes son estos eruditos modernos,- y dejo los demás adjetivos que son para pensarlos a solas- para declarar que el verdadero Jesús histórico no dijo muchas de las cosas que están en el Nuevo Testamento? ¿Quiénes son ellos para debatir con la Palabra de Dios de lo que dijo o no dijo Jesús?

Jesucristo no cabe en sus mentes y en sus corazones. ¿Cuál es mi problema ante Jesucristo? Es fundamental para cada uno de nosotros la pregunta acerca de la verdadera identidad de Jesús. Nos va literalmente el sentido de nuestra vida. La deidad de Jesús es la razón por la que El es el único camino de salvación. Tenemos necesidad de El. Solamente El puede sentir hacia nosotros, los que vivimos y padecemos, la compasión que cada uno de nosotros siente de sí mismo. Sólo El puede medir cuan inconmensurablemente grande es la necesidad que de El tenemos y tiene en este misma hora nuestro mundo. Buscamos y buscamos, anhelamos,  y anhelamos una y otra cosa, hacemos uno y otro proyecto, pero no nos percatamos de lo que realmente buscamos, de lo que realmente necesitamos. Todos, todos absolutamente todos, incluso los que no lo saben y los que le niegan,  tienen necesidad de El. Esas fueran también sus palabras: el que tenga hambre, el que tenga sed que venga a mí y yo lo saciaré.

Puede ser que vivamos con muy pobres deseos y anhelos, aburridos. Y por eso nos hacemos una religión mezquina, encasillada, que no nos admira y sorprende, y buscamos una salvación mezquina, a nuestra mezquina medida. ¿Las paradojas del Evangelio son para nosotros un vino demasiado fuerte, y mantenemos el corazón y la razón cerrados a la gran llamada liberadora?

Cuando escuchemos críticas, opiniones, burlas, seamos conscientes de la realidad: Jesucristo no cabe en sus mentes y en su corazón, no puede entrar en sus medidas.  Consideran en muy poco su capacidad, y la dignidad para la que fueron creados y no son capaces de salir de si mismos y abrirse a la realidad de que Dios es  amor y nos amó primero.

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Publicado el marzo 21, 2012 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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