Me agarré de la mejor mano

¿Recuerdan el rescate de los mineros de Chile?  Se comentó que más de mil millones de personas vieron el rescate de los 33 mineros.

El derrumbamiento de la mina S. José ocurrió el jueves 5  de agosto de 2010 dejando atrapados a 33 mineros a unos 720 metros de profundidad durante 70 días. Las labores de rescate comenzaron al día siguiente y el 13 de octubre culminó la operación. No voy a describir el suceso. Sencillamente recordar este hecho profundamente humano, que hace ahora precisamente dos años, desde el testimonio de Mario Sepúlveda

Se comentó que algunos mineros llevan impresa en la camisa un versículo del salmo 95: Porque en su mano están las profundidades de la tierra. Y las alturas de los montes son suyas. Me  gustó entonces un artículo de Maties Padres, se llamaba La santa paciencia. Comenzaba con el primer mensaje dirigido al exterior por uno de los 33 mineros chilenos rescatados con vida de las entrañas de la tierra. Fue el de un minero a su esposa que terminaba así: Paciencia y fe. Dentro de la mina se sintieron unidos y rezaban. En el exterior se instalaron familiares y técnicos en salvamento en el llamado Campamento de la Esperanza.

Sencillamente el planteamiento ya captó nuestra atención. Paciencia y fe. Campamento de la Esperanza. Y añado el testimonio de Mario Sepúlveda, el hombre que ejerció de periodista durante las grabaciones de vídeo que filmaban a 700 metros de profundidad. Había provocado risas entre sus compañeros. Apenas había pasado una hora desde su liberación y ya comparecía junto a su mujer y sus hijas ante las cámaras: estuve con Dios y estuve con el diablo. Me pelearon y ganó Dios, me agarré de la mejor mano.

La parábola de “los mineros rescatados” decía Maties Prades es la más actual que Cristo seguramente nos explicaría. En el silencio profundo de la mina, estos hombres nos interpelaban sobre las seguridades de nuestra sociedad construidas sobre la arena del dinero. Es cierto que en cualquier momento se nos muestra que la vida es frágil, que cualquier hecho nos puede hacer perder los papeles, desmoronar la vida que nos hemos montado, cambiar completamente nuestra orientación.  No hay muchas cosas imprescindibles. El amor y la solidaridad salvan muchas vidas. Dentro de la mina se sintieron unidos y rezaban. De toda esta realidad el primer mensaje recibido fue paciencia y fe

La paciencia y la fe se incluyen en el hombre de manera imposible de separar. Digo que la paciencia y la fe se incluyen  en el hombre porque la Primera Paciencia es esa actitud de Dios respecto al hombre, la paciencia absolutamente. Cómo dice Romano Guardini, Dios no rechaza la creación tan múltiplemente corrompida por el hombre, ni crea otra nueva en su lugar. Donde abunda el pecado sobre abunda la gracia. Incluso se exclama: oh feliz culpa que mereció tal Redentor.  Por eso,  si así puede decirse, en Dios el “sí” es más fuerte que todos los “noes”, y sigue llevando adelante el mundo, sobrellevándolo a través de tiempo y eternidad.  El  no siente ninguna debilidad, es el verdadero Señor, al que nadie amenaza. El  es el Eterno para El que no hay miedo, ni prisa. Es indulgente porque es excelso y bondadoso. Ahí están las parábolas de Jesús  como las del campo y la siembra, la del trigo y la cizaña, todo el Evangelio es la expresión de esta Paciencia.

El hombre creado a imagen y semejanza de Dios ha de descubrir que la paciencia  es la condición necesaria para que pueda crecer el trigo. En sus manos ha puesto el mundo de las cosas, de las personas y de su propia vida.  Debe hacer de si mismo, y de todo lo que está a su alcance lo que espera Dios, incluso ahora, cuando a veces parece que la cizaña lo ha invadido todo. La paciencia viva es la persona entera que está en tensión entre lo que quería tener y lo que tiene, lo que desea ser y lo que realmente es.

He leído el himno a la caridad de S. Pablo a la luz de la Paciencia divina. A la luz de esa paciencia absoluta de Dios que sólo es posible porque es el Amor, la Benevolencia, la Misericordia, la Indulgencia.  S. Pablo en el conocidísimo Himno a la caridad nos dice: aunque hablara todas las lenguas, aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios de la ciencia, aunque tuviera plenitud de fe para trasladar montañas, aunque repartiera todos mis bienes y entregará mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada soy. Es maravilloso como expone S. Pablo, y en primera persona, lo que es en el ser humano la caridad, el auténtico amor. Pues cuando empieza a determinar que es la caridad lo primero que dice es que es paciente, luego sigue es servicial, no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe, no busca su interés, no se irrita.

La paciencia, como dice Maties Prades, es el difícil arte de aceptarnos a nosotros y a los demás tal como somos, respetando el ritmo de cada uno, sin pretender forzar situaciones, ni hacer cambios radicales de forma precipitada. Cuando creemos en Dios Padre, cuando confiamos en El aprendemos a ser pacientes. La relación con los demás pone en evidencia nuestros propios límites.

Volvemos al mensaje de los mineros: paciencia y fe. Me agarré de la mejor mano. Esta paciencia es siempre el supuesto previo para que ocurra realmente algo. Si queremos vivir como corresponde a nuestra condición humana, redimida, hemos de sumergirnos en el interior de la fe que es paciente,  de la esperanza que es paciente, y del amor que es paciente para superar las dificultades.  Paciencia con nosotros mismos y con los demás, no dejadez ni blandura, sino sentido realista, es el fundamento de todo esfuerzo. Un padre, una madre, un esposo, una esposa, un educador, un amigo que no tengan paciencia en este sentido no harán más que daño.  Donde quiera que se nos ponga vida en las manos, el trabajo solo puede prosperar si lo hacemos con esta fuerza profunda y silenciosa de la paciencia que nos hace semejantes a nuestro Creador y Redentor.

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Publicado el septiembre 26, 2012 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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