Archivos Mensuales: diciembre 2012

Mantener los compromisos

¡Vaya tema que he escogido hoy¡ Desde luego más contracorriente no puede ser, y tampoco hay posibilidad de plantearlo en las ideologías imperantes, ni en los esquemas reduccionistas y pobretones de la persona que se nos presentan como paradigmáticos. Debe ser un tema no progre, no moderno, no políticamente, ni ideológicamente correcto. Un tema trasnochado, “ultra ¿qué?”  Porque las últimas propuestas, las últimas investigaciones, las últimas críticas y los últimos análisis no pueden ni siquiera plantear la palabra “compromiso” y fidelidad.

Pues los que queramos, podemos mirarnos a nosotros mismos, y ver si realmente estamos entre los que quieren y esperan lo más grande de la persona, entre los que quieren vivir con sentido, y con todo lo que implica realmente el ser humano. No se mantienen los compromisos sin fidelidad. Compromiso y fidelidad son dos caras de la misma moneda. Lee el resto de esta entrada

Suena a esperanza

El hecho  es real, seguro que Vds. lo han oído

En unas olimpiadas para personas con síndrome de Down, participaban en una de las competiciones, nueve muchachos, todos con esta deficiencia. Se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros lisos. A la señal, todos partieron con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar  el premio. Un muchacho, al comenzar, tropezó en el piso y cayó rodando. Su pena fue grande y arrancó  a llorar.

Los otros ocho muchachos escucharon el llanto, disminuyeron su paso y miraron hacia atrás. Vieron a su compañero en el  suelo, se detuvieron y regresaron. Regresaron todos.  ¡Todos!  Una de las muchachas que competían se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora  vas a ganar”Y todos, los nueve competidores entrelazaron  los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada. El estadio entero se puso de pie y ese momento, que podemos imaginar, fue inolvidable. La emoción de los asistentes se reflejaba en sus caras. Quienes lo contaron afirmaron que no sabían  si había algún par de ojos secos. Claro que ya conocemos la expresión: de todo hay en la viña del Señor. Los aplausos duraron largos  minutos. Todas las personas que estuvieron allí aquél día, siguen repitiendo este hecho, como no puede ser de otra manera. Lee el resto de esta entrada

Fuera de toda medida humana

¿Quién dice la gente que soy yo? …Y vosotros ¿quién decís que soy yo?. ¿Quién es Jesús? ¿De dónde viene? Ambas cuestiones están inseparablemente unidas. Lo que pretenden los Evangelios es contestar a estas preguntas nos dice el Papa Benedicto XVI en el comienzo de su libro “La infancia de Jesús”. Sólo esto tendría que sumergirnos primero en una reflexión y luego dar una contestación que implicara toda nuestra vida.

No es posible ver a Dios con los ojos, pero sí podemos ver como actúa nos explicó Benedicto XVI. El Papa ilustró la acción de Dios con una narración del escritor ruso León Tolstoy. Se trata de una breve historia sobre un severo rey que pidió a sus sacerdotes y sabios que le mostraran cómo podía ver a Dios. Los sabios no fueron capaces de responder a su deseo. Un pastor, que volvía del campo, se ofreció para asumir la tarea de los sacerdotes y de los sabios. El rey aprendió de él que sus ojos no eran capaces de ver a Dios. Entonces, quiso al menos saber qué es lo que hacía Dios. Para responder a tu pregunta –dijo el pastor al soberano– tenemos que cambiarnos los vestidos. Dudando, pero movido por la curiosidad que sentía por recibir la información que esperaba, el rey aceptó; entregó sus regios vestidos al pastor y vistió con la ropa de un hombre pobre. Entonces le dio la respuesta: Esto es lo que hace Dios. De hecho, el Hijo de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero, ha dejado su esplendor divino: se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.  Cristo se ha vestido con nuestra ropa: el dolor y la alegría de ser hombre, el hambre, la sed, el cansancio, las esperanzas y las desilusiones, el miedo a la muerte, todas nuestras angustias hasta la muerte. Lee el resto de esta entrada

No estamos enmpeñados en hacer propaganda

No estamos empeñados en hacer propaganda, ni estamos empeñados en vender un producto, ni queremos divulgar nada.

Los que no están empeñados en “nada de eso”, es decir, en nada de hacer propaganda, ni de vender un producto, ni de divulgar algo tendríamos que ser los cristianos. Porque nada es más contrario a la realidad de un Dios que se hace hombre, que asume toda nuestra humanidad, que la propaganda, la venta, la divulgación, o el “comer el coco”,  como vulgarmente se dice.

La profundidad del ser cristiano es directamente proporcional al  compromiso de vida que implica el hecho de que Jesús asume en si la humanidad entera, toda la historia de la humanidad y le da un nuevo rumbo, decisivo, hacia un nuevo modo de ser persona humana como dice Benedicto XVI al comienzo de su libro “La infancia de Jesús”. Ser cristiano implica la fe, la esperanza y el amor con que se vive en la vida de cada día, y las respuestas que se dan a las situaciones sean las que sean.  Ese es el gran reto de un cristiano. Lee el resto de esta entrada

El buey y el asno en el pesebre

El buey y el asno en el pesebre, así se llamaba  un artículo del 26 de septiembre de 2001  de Joseph Ratzinger, el actual Papa Benedicto XVI. Y ahora  estoy leyendo el último libro de Benedicto XVI “La infancia de Jesús” en el que dedica unos párrafos a esta misma vivencia. Y es la misma idea la que desarrolla.

Benedicto XVI es uno de los académicamente mejor formados entre los pensadores vivos, como dice Gabriel Albiac, al que acabo de oír en un estupendo debate en el Congreso de Católicos y Vida Pública. Hace tiempo escribió un artículo en La Razón del que transcribo literalmente: “si a eso añadimos que además se trata de uno de los académicamente mejor formados entre los pensadores vivos, la pretensión del alcalde pasa de lo alucinado a la ridículo. En política es un tránsito de lo más común. Y letal siempre. Envidar al Papa. Maquiavelo sabe que nunca, en el juego político, es prudente envidar al Papa. El alcalde de Madrid lo ignora”.

Traigo este tema por algunos comentarios muy superficiales que no merece la pena ni entrar sobre la aparición del libro de Benedicto XVI: La infancia de Jesús, y concretamente sobre un tema tan sencillo, como es el del “el buey y el asno en el pesebre”. Lee el resto de esta entrada

La historia más extraña de la humanidad en dos momentos, antes y después de la Navidad

Curiosa e increíble la historia de la humanidad contada por Chesterton. No sé como no han hecho ya una película sobre esos dos geniales capítulos de su libro “El hombre eterno”.

Desde luego, como él dice,  parece claro y sensato comprender que no es el reflejo más auténtico de nuestra historia el pensar que la Humanidad se desvanece en la naturaleza, que la civilización se diluye en la barbarie, que la religión se funda en la ideología, o que nuestra propia religión se confunde con las religiones del mundo. No es la mejor manera de hacer un esbozo de la historia el borrar sus líneas. Para acercarse más a la verdad habría que describirla. Y es lo que él hace.

En la tierra iluminada por esa estrella vecina, cuyo resplandor es la amplia luz del día, hay muchas y muy variadas cosas móviles e inmóviles. Entre ellas existe una raza muy diferente, es la de los humanos. Se comportan de una manera extraña porque tienen la capacidad de decidir. Esta distinción es algo sólido y muy complejo, no es lo mismo que el pájaro alardee de sus propias plumas. Se acostumbra a insistir que se parecen a otros animales, pero esa semejanza sólo son ellos los que la perciben. El pez no busca un parecido al suyo en las aves del cielo, ni compara su esqueleto al del elefante. Es curioso, lo que los une a todas las cosas, también los separa. Lee el resto de esta entrada

El acontecimiento

¿El acontecimiento en una familia no es el nacimiento del hijo, la paternidad, la maternidad, la filiación, la hermandad?

Pienso en “acontecimiento” como un hecho de vital importancia. Un hecho que habla, revela, manifiesta algo que puede cambiar el sentido de la vida. El acontecimiento es una historia que se inicia, algo inédito que comienza. Desde luego no hablo de acontecimiento en el sentido de suceso. No es de un suceso de lo que quiero hablar. Sino de “acontecimiento” en el sentido de una irrupción de alguien o de algo en la vida que le da un nuevo significado y sentido. Un acontecimiento que se centra en una persona y supone una gran noticia, una buenísima nueva noticia.

Sin el reconocimiento de acontecimientos, de hechos, no hay cristianismo. La fe en Jesucristo vista desde el Credo católico, es una convicción basada en hechos, en  acontecimientos reales. Y no son mitos, ni concepciones inventadas, o producidas por comunidades más o menos creyentes. La fe en Jesucristo es la fe en su nacimiento, vida, muerte y resurrección;  convicción basada, repito, en unos acontecimientos. Sin el reconocimiento de la presencia de estos acontecimientos, de estos hechos, de la presencia real del Misterio, la historia pierde su sentido, como lo pierden la vida y la muerte humana. Son  los acontecimientos que revelan la dimensión nueva de la existencia, de toda la creación, quién  es realmente el hombre, la vocación humana, su destino final, la plenitud de los tiempos. Lee el resto de esta entrada

La fe nos despierta y nos abre a la realidad. Es testimonial o no es fe

Es necesario que nos lo planteemos seriamente: es un horror de vida ese estilo pintoresco que quiere suplantar a la vida profunda. Henri de Lubac, y quizá a alguno de nosotros también nos ha pasado, conoció a un hombre, un sacerdote, que hablaba más o menos en el mismo tono en su habitación, en la iglesia o en una sala de conferencias. Un hombre que se expresaba de la misma forma ante los niños de un orfanato que ante pensadores o políticos. Un hombre que decía lo mismo a los incrédulos de nuestra moderna sociedad, a los procedentes del Extremo Oriente y a los creyentes de toda la vida. En su conversación, que nunca alcanzaba la elocuencia, el aparato probatorio estaba reducido al mínimo, nunca había discusión y sus afirmaciones eran siempre tan libres ante los extraños como ante un grupo de amigos. Su delicadeza, siempre exquisita, le hacía desdeñar los paños calientes. Nunca, dice, conoció, a una persona menos “adaptada”. Y sin embargo, este hombre lo era todo para todos y de su plenitud todos tomaban parte. Lee el resto de esta entrada

La fe está transformando continuamente las personas y las épocas

El testimonio de cada uno es la realidad de la vida. Nuestro testimonio no es superior al de los demás, es el de cada uno.  Y es el testimonio del que se me pide y se me pedirá cuentas; ninguna otra persona puede darlo por mí. La vida es testimonio. Jesucristo es el testimonio vivo del amor de Dios a los hombres.

Todo en la vida para ser rico tiene que ser testimonio. La investigación científica, aunque sea la más especial y la más alejada aparentemente de los problemas vitales, puede convertirse en un testimonio. Por eso nos  gusta tanto sentir expresiones de investigadores, científicos, hombres importantes que nos comunican la experiencia concreta de la vida, que es la verdadera riqueza. Todo realmente comporta un testimonio. Sólo el testimonio es eficaz, mientras que la investigación de la eficacia es estéril. Las cosas más bellas y verdaderas para el que no ha visto nada son sólo palabras y más palabras.  Esa es la gran realidad de la fe y el gran reto o problema de la fe. Lee el resto de esta entrada

El encanto de los nombres

No se si Vds. habrán podido decir alguna vez en su vida llenos de admiración y contento: ¡Qué bien puesto tienes el nombre¡ A mi sí me ha sucedido, y precisamente con los nombres de Esperanza y María de la O. Esperanza es fácil de comprenderlo. Y María de la O también. El Oh¡. Esa admiración es tan expresiva. Recuerdo a una encantadora madre, María de la O,  de familia numerosa, a la que sus hijos le hacían broma con el nombre, tanto en momentos de alegría, como cuando les ponía firmes. Oh mamá, gracias, que bien tienes puesto el nombre, causas admiración, estás en todo. Y en los otros momentos: Oh mamá, pareces un sargento. Ya sabemos quien manda en casa. Lee el resto de esta entrada