Archivos Mensuales: abril 2013

La fe de Abraham

En relación con el Absoluto, con el Misterio, sólo existe un tiempo el presente. Es verdad esto que sintió Kierkegaard. Nuestra relación con el Misterio, con el Absoluto, no es nada abstracto, es lo más vivencial. En esta relación solo existe un tiempo el presente. Unos la viven ignorándola, o pretendiendo ignorarla, e incluso fustigarla. Otros la viven como algo que está ahí aparcado para  cuando convenga. O como un comodín, como una carta que se puede aplicar según la suerte, algo que sirve para fines diversos según conviene. Pero otros viven de esta relación y en esta relación. Y esta es realmente la fe de Abraham. Lee el resto de esta entrada

Anuncios

¿La fe es un mito?

Empezamos con una anécdota muy conocida.

Un profesor en la Universidad retó a sus alumnos con esta pregunta: “¿Dios creó todo lo que existe?”. Un estudiante contestó: Sí lo hizo. ¿Dios creó todo?, pregunto nuevamente el profesor. Sí señor, respondió el joven. El profesor contestó, “Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe, y como nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo”.  El profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito. Lee el resto de esta entrada

Enfrentados al Misterio de la Redención

Es vital para cada ser humano la realidad del hecho de la “redención”. Y esto estalla de forma impresionante en el Pregón Pascual, porque expresa de la manera más cercana y existencial lo que es la redención de Cristo, lo que Jesús de Nazaret, el Dios hecho hombre,  hizo del género humano por medio de su pasión, muerte y resurrección.

Queramos o no el encuentro o desencuentro con Dios forma parte de nuestra experiencia humana. Estamos abocados a encontrarnos, a través de nuestra propia experiencia, con la trascendencia, y por tanto a volvernos hacia Dios. Hay una dimensión en nosotros que es  “la apertura al misterio”, algo estudiado, reflexionado, a lo largo de la historia de la humanidad por pensadores y toda clase de escritores. Lee el resto de esta entrada

El distinto punto de vista

Pienso en el distinto punto de vista del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento: una predicción: una espera, (Antiguo Testamento) y un hecho: la realización de la Promesa, la redención realizada por Jesucristo (Nuevo Testamento).

Y por tanto desde esta realización de la Promesa, desde la Redención, tenemos ante nosotros las consecuencias en temas tan trascendentes, tan existenciales para el hombre como el sentido de la vida humana y la muerte, del diario vivir y de su destino eterno. La Redención realizada por Jesucristo nos muestra lo que significa nuestra humanidad y nuestra gloria, se ven todos los aspectos de nuestra condición humana y pone de manifiesto ante cada uno, de manera personal, la existencia de un camino por dónde ir, una verdad que ilumina cada situación, y una vida que es para la que hemos nacido. Lee el resto de esta entrada

La inmortalidad que conlleva la resurrección de Jesucristo

¿No es lo que realmente nos importa? La vida siempre, la inmortalidad, nuestra propia resurrección.

Me hicieron hace tiempo un estupendo regalo, el libro de John Henry Newman “Sermones Parroquiales”. El sermón segundo tiene el siguiente título: La inmortalidad del alma. Y al volver a leerlo, me he acordado del Sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno. En el dice algo muy gráfico y entendible: que Kant, reconstruyó con el corazón lo que con la cabeza había abatido, libertad, inmortalidad, Dios; las tres grandes cuestiones.

Estaba preocupado por el único problema vital, el que más a las entrañas nos llega, el problema de nuestro destino individual y personal. El hombre Kant no se resignaba a morir del todo. Para la generalidad de los hombres, incluyendo al hombre Kant,  y para él mismo, dice Unamuno: Dios es el productor de la inmortalidad. “Un día, hablando con un campesino, le propuse la hipótesis de que hubiese, en efecto, un Dios que rige cielo y tierra, Conciencia del Universo, pero que no por eso sea el alma de cada hombre inmortal en el sentido tradicional y concreto. Y me respondió: “Entonces, ¿para qué Dios?”. Lee el resto de esta entrada

¿Podemos imaginar lo que ocurriría si se dejara de hablar de Jesucristo resucitado?

La fe es absoluta confianza y certeza en nuestra redención y salvación. La Pascua es Cristo, es nuestra renovación, nuestro renacimiento si nuestra libertad le da sencillamente el confiado a ese amor imposible de medir y definir de Dios, si creo y confío  que su amor es más grande que mis inseguridades y debilidades,  que mis miedos y angustias. La redención de Cristo, rezamos y oramos constantemente, ha sido operada por alguien que es Dios y hombre a la vez, y en cuanto Dios confiere a lo que hace un valor que trasciende el espacio y el tiempo

¿Podemos imaginar lo que se produciría si se dejara de hablar de Dios Padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra, de Jesucristo resucitado, de la vida eterna, de la verdad, de lo que es bueno y malo, de la misericordia de Dios? Lee el resto de esta entrada

La confianza de la fe

Empleamos la palabra fe de muy diversas maneras y esto es lo que después nos confunde.  Por ejemplo “creo” que ha pasado tal cosa, pero no pasa de ser una opinión. La versión negativa del “no creo” es más contundente “no creo, no lo creo”. Lo importante es la confianza de la fe, porque la fe, en su rica urdimbre, es confianza. Y la confianza implica fe.

La confianza es el rasgo distintivo de las relaciones humanas. Toda auténtica relación humana, toda vivencia verdadera de religión y tradición religiosa potencia la confianza. La fe implica confianza básica en que el mundo tiene sentido y que la bondad y el amor existen. Para el pueblo judío, y para el pueblo judeocristiano en toda su historia, la fe es mucho más que un sustantivo o un estado singular, es un “verbo activo”, es una acción. No es que se tenga fe es que la vida es fe, y eso es lo significa el “credo católico”.  Cómo la  confianza básica no es un nombre es una experiencia vital, existencial. Lee el resto de esta entrada

Nuestra sinceridad en el bien

Algo que me recuerdo constantemente es que las raíces de mis ojos están en el corazón: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” me dice Jesús de Nazaret.  Son dichosos, gozan de paz y confianza aquellos en los que su mirada está llena de vida, es clara.

Requiere un verdadero corazón limpio ver nuestra sinceridad en el bien que hacemos. Primero preocuparnos de hacer el bien, nunca esperar a recibir primero, a que otro dé el primer paso, siempre empezar a hacer el bien. El que no empieza no es capaz de ver el bien, ni es capaz de recibir. La gran realidad de la psicología humana: sólo enriquece lo que damos. Y podemos dar porque esa es la capacidad que hemos recibido. Sabernos mirar, sabernos reconocer es el comienzo de todo. Lee el resto de esta entrada

Vivir en clave de regalo

Cuando celebramos de verdad todo lo que celebramos los cristianos, que a última hora es la manifestación de Dios, su creación, su entrada en nuestra historia y llevar a la plenitud esa historia con su resurrección ¿no es una fuerte llamada, una verdadera provocación a sentir la vida de “otra manera”?

¿Y si viviéramos en clave de regalo? O sea vivir desde la gratuidad que es realmente nuestra vida, la creación, la redención en todo lo que existe. Vivir desde el “don”, la “gracia”, que es la creación y nuestra vida concreta y diaria, nuestro estar en el mundo “aquí y ahora”.

Vivir en clave de regalo puede sonar a propaganda comercial o a un slogan vacío de contenido. Algunos estamos cansados de muchos anuncios. Cuantas más “cosas” “tenemos”, menos capaces somos de recibir. Evidentemente se ve claro que no van por ahí mis intenciones, si no en el sentido de vivir la vida como el gran regalo, el gran don que se nos ha hecho para irlo viviendo con alegría y tristeza, con gozo y sufrimiento, con sol, con tormenta, con lluvia, con sequedad, con terremotos, son tsunamis. Hay que ponerse a ello, claro, como todo en nuestra vida. Lee el resto de esta entrada

Poca experiencia de lo que realmente es la fe

Esto es mucho más cierto y concreto de lo que nos creemos: la poca experiencia de lo que realmente es la fe.

Seguro que todos hemos vivido comentarios por el estilo de lo que voy a contar. Un cristiano muy comprometido en un movimiento, una religiosa, o un sacerdote joven, inteligente, lleno de cualidades, abandona la Iglesia y se declara escandalizado por ciertas actitudes de la jerarquía de la Iglesia.

Dejemos hoy las actitudes. Incluso concedemos que esas actitudes sean en efecto escandalosas, muy escandalosas, lamentabilísimamente escandalosas. Pero esta es la gran pregunta ¿cuál era en vísperas del suceso, de semejante hecho, la fe de ese cristiano comprometido, de esa religiosa, de ese sacerdote? ¿Cuál era su idea de la Iglesia? ¿No conocía su historia? ¿Cómo se sentía implicado en la Iglesia? ¿Significaba para él, ser hijo de la Iglesia, algo vital y constitutivo de su propia vida? ¿Lo sentía como algo suyo, de su propia familia? ¿Qué conciencia o que estima tenía de ella? ¿La realidad no es la poca experiencia de lo que realmente es la fe cristiana? Lee el resto de esta entrada