Profeta del sentido de la vida

Es verdad, “tener la última palabra es sólo causar la última herida. No hay motivo para enorgullecerse”. Sí, no tenemos que ir por la vida queriendo “tener razón”, queriendo “decir la última palabra”.

¿Qué es lo importante de la vida? ¡Qué vital es esa expresión, que parece tan abstracta, y que en cada momento de nuestro vida, es lo más real: nuestro sentido de la vida, nuestra fe, nuestra apertura al misterio¡ Cuántas veces nos preguntamos ¿pero esa persona de qué va por la vida?; y también ante nosotros mismos, en momentos de reflexión, de dificultad o de algo que nos rompe nuestras medidas: ¿pero yo cómo voy por la vida? ¿de qué voy?  Bueno la expresión es mucho más corriente y a veces es causada por algo que nos ha molestado: ¿pero “ese” de que va?

Ha sido una conversación formidable con un nuevo amigo. Sí, amigo en el sentido de la amistad en que aquí hemos hablado varias veces. Le dejé el libro “El hombre en busca de sentido”  de Viktor Frankl, y le ha pasado como a tantas y tantas personas, que se le han abierto puertas y ventanas, que pisa tierra, que ve el cielo y se le ha abierto el horizonte.

Por eso hoy estamos con este “Profeta del sentido de la vida” como le han llamado. Para muchos científicos su aportación es la más importante posterior a Freud, Adler y Jung, sistemas que conoce profundamente y supera. Reconoce el mérito extraordinario de Freud pero se opone a muchas de sus ideas, tanto en cuestiones básicas de planteo como en deducciones prácticas.   Murió a los 92 años, el 26 de agosto de 1997 y fue el fundador de la Tercera escuela Vienesa de Psicología, doctor Honoris causa por 28 universidades, autor de numerosas obras, traducidas a 23 idiomas, y uno de los humanistas cristianos, converso del judaísmo, más conocidos del mundo. Es el gran renovador de la psicoterapia, incorporando a ella como clave fundamental el sentido de la vida., con todo lo que comporta la experiencia religiosa. Ha mostrado con argumentaciones científicas el prejuicio ideológico de muchos científicos sobre esta trascendental experiencia religiosa.

Él encontró luz, para conocer a fondo la grandeza de la libertad humana, desde su experiencia como prisionero en los  campos de concentración nazis, lugar en el que perfila su teoría basada en la búsqueda de un sentido para la vida del hombre. Es impresionante esta afirmación suya:”La máxima preocupación de los prisioneros se resumía en una pregunta: ¿sobreviviremos al campo de concentración? De lo contrario, todos esos sufrimientos carecerían de sentido. La pregunta que a mí, personalmente, me angustiaba era ésta otra: ¿Tienen algún sentido todo este sufrimiento, todas estas muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al internamiento. Una vida cuyo último y único sentido consistiera en superarla o sucumbir; una vida cuyo sentido dependiera, en última instancia de la casualidad no merecería en absoluto la pena de ser vivida”. Sin Dios nada tiene sentido.

Sus reflexiones psicológicas y antropológicas son sencillamente vitales, impresionantes, existenciales, y les digo de verdad que ayudan enormemente en todas las situaciones de la vida. Propone un análisis existencial de la conciencia como órgano de sentido, una fenomenal interpretación del inconsciente, de los sueños, y muestra cómo no estamos sólo dominados por una impulsividad inconsciente, como pretende Freud, sino que también hay en nosotros una apertura al misterio, una espiritualidad inconsciente. Partiendo de la conciencia y de la interpretación de los sueños, enriquecido con ejemplos de su práctica clínica, Frankl, nos muestra por medios empíricos,  que hay inconsciente en nosotros una religiosidad que implica lo que él llama “la presencia ignorada de Dios”, la apertura al “misterio”. “La conciencia es voz de la trascendencia, ella misma es trascendente. El hombre irreligioso no es sino aquel que ignora esta trascendencia de la conciencia. Porque también el hombre irreligioso tiene, en efecto, conciencia, también él tiene responsabilidad; sólo que no pregunta más allá, no pregunta ni por el “ante qué”, de su responsabilidad ni por el “de dónde” de su conciencia.

La búsqueda del sentido  es la clave de la vida y de la salud psíquica en todas las situaciones en que nos podemos encontrar. Su ausencia constituye uno de los grandes problemas de la cultura contemporánea. “Vivimos en una época caracterizada por un sentimiento de falta de sentido. Hoy más que nunca, la educación es educación para la responsabilidad. Vivimos en una sociedad, a pesar de todo de abundancia, pero esta abundancia no lo es sólo de bienes materiales, es también abundancia de información. Nos acosan estímulos e incentivos de todas clases, y no sólo sexuales, de poder, económicos. Si el hombre en medio de todo este torbellino de estímulos quiere sobrevivir a los medios de comunicación de masas, debe saber qué es o no lo importante, qué es o no lo fundamental, en una palabra, qué es lo que tiene sentido y qué es lo que no lo tiene”. El gran problema, lo importante para cualquier persona, lo primero que da importancia y sentido a nuestra vida: es que somos amados por Dios.

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Publicado el septiembre 14, 2013 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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