Un nuevo curso

Un nuevo curso: ¡Ánimo¡

¡Ánimo¡  Esa es la palabra que mejor expresa lo que quiero pensar con Vds. Ya saben que amigo es aquel con el que se puede pensar en voz fuerte. Un nuevo curso, un nuevo comienzo es siempre algo que nos interesa y afecta a todos. Tenemos profunda vivencia y experiencia de lo que significa:  comienzo. Empezamos una tarea,  el día, la semana, el mes, la temporada, el curso, el año…Eso es nuestra vida. Un continuo ahora en el que ponemos de manifiesto nuestra actitud y manera de ser, nuestro ánimo y valentía. Las dos palabras expresan algo muy vital y están en estrecha relación. Tienen sus pequeñas distinciones. La valentía significa el modo de comportarnos en situaciones concretas. Decimos: ha sido valiente en su respuesta, ¡que valentía la suya ante esta situación tan conflictiva¡ El ánimo es la disposición de espíritu, la vivencia interna  con la que nos enfrentamos a la vida. Por eso nos decimos frecuentemente: ánimo, mucho ánimo, o hay que ser valiente en situaciones así. Me apoyo en Romano Guardini en este comienzo de curso. Dada la situación voy a seguir mucho: Una ética para nuestro tiempo.

Ánimo y valentía significan aceptar la propia existencia, esta vida nuestra que es un tejido de hechos gozosos y dolorosos, de bien y de mal, de cosas que nos ayudan y nos estorban, de momentos felices y momentos angustiosos. Todo eso vivido, evidentemente, como hijos de un Padre que nos ama, y que quiere y espera lo mejor de nosotros. Vivido desde ese encuentro con Jesucristo que asumió toda nuestra humanidad, y le da un nuevo horizonte a nuestra vida. El ánimo significa que me acepte, que arranque de mi situación concreta y no me deje llevar, o  buscar  lo que me agrada, o lo que me hace vivir fácilmente. El ánimo, como actitud me ayuda a ponerme ante la realidad. Y la valentía da la respuesta a la situación concreta. Realmente la primera respuesta valiente es aceptarme como soy, un ser capaz de sentir la belleza, la profundidad en el trato, las tensiones ricas en la lucha diaria, la satisfacción  del trabajo realizado, la valoración de los que nos quieren, la alegría de lo que nos admira y sorprende, la felicidad del bien que hemos hecho, la compensación del sacrificio realizado, la misericordia de Dios.

  Pero esta misma capacidad de sentir nos lleva a poder ser invadidos por el dolor de las carencias, por lo infructuoso del trabajo, por los apuros de los conflictos en nuestras relaciones humanas, por las envidias y resentimientos. No se puede tener lo uno sin lo otro. Y aquí está el ánimo como disposición y la valentía como respuesta: aceptarnos como somos, con la fuerza de los sentimientos del propio corazón, aceptar lo doloroso que lleva aparejado, igual que lo sabroso que otorga. No hay que llamar bueno y hermoso a todo. Es evidente. Pero hemos de aceptar la realidad, y a partir de ahí ver lo que está a nuestro alcance, lo que podemos cambiar, mejorar, elevar, suavizar.

Dios me ha dado a mí mismo. De su mano he de aceptar mi existencia, vivirla y persistir en medio de las dificultades. Este es el verdadero, radical y firme ánimo. Vital hoy, que tanto se habla de la nada,  destrucción, suicidio, miedo, depresión, aborto, eutanasia,  o  reducción de todo al poder,  placer,  dinero…Es verdad, que en muchos casos,  es más palabrería hueca que tapa y se evade de las verdaderas preguntas, inquietudes y deseos. Ánimo y valentía a pesar de lo que algunos gritan porque no saben de dónde viene el sentido, la salvación, el goce, la luz y la paz interior. Abramos nuestro corazón al testimonio de los que viven con confianza, para ir viviendo en relación de amistad con ellos.

Claro que el futuro es lo desconocido. Vivir significa avanzar por lo desconocido, y tiene que ser un responder con ánimo y valentía porque lo que se nos presenta no es ningún caos, ni nada ajeno. El futuro, con todo su desconocimiento, no nos es algo extraño, ni hostil, sino que en todo está la mano del Padre. Podemos mirar hacia atrás en nuestra vida y vemos  que lo que hemos vivido no es ningún caos. El ánimo de vivir va unido a la confianza en la guía de Dios. El ánimo, del que nos habla Guardini, es el ánimo que se atreve con el futuro, en la confianza de que en él, se desarrolla la guía de Dios. Y este ánimo acepta lo venidero, lo ve como su propia tarea y se adapta a ello. Lo difícil y doloroso pertenece también a nuestra vida. Valentía significa ver esta situación de la existencia y hacerle frente. Si así lo hacemos se vuelve ganancia. En toda situación hay una posibilidad de crecer, de llegar a ser más persona, de encontrarnos con nosotros mismos. Al ceder, desesperarnos, hundirnos, echamos a perder esta posibilidad.

En el Evangelio, en todo el Nuevo Testamento, se nos invita a pensar en el ánimo y en la valentía de Cristo en Dios. Y así en los dos mil años de amigos y testigos de un Hombre que nació, luchó, sufrió, gozó, y presentó cuál es el camino, la verdad, la vida. Murió y resucitó, y ya siempre es Dios con nosotros.

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Publicado el septiembre 30, 2013 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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