Archivos Mensuales: octubre 2013

Una fiesta pagana celta

Por las fechas en las que estamos unos amigos me propusieron que habláramos de esa mezcla que se está produciendo entre el día de todos los santos, la conmemoración de los difuntos y el Hallowen.

Y lo hicimos fijándonos en tres momentos. Nosotros empezamos por el Hallowen que está en todas partes, desde los comercios hasta en los centros infantiles. Después la Fiesta de todos los Santos y luego la Conmemoración de los difuntos. Vamos a hacer lo mismo. Empezamos, por tanto, por el Hallowen, por petición de padres de niños pequeños y adolescentes. Lee el resto de esta entrada

Una fiesta pagana

Recuerdo que “pagano” significa un universo religioso, universo religioso no cristiano.

Los hombres de todos los tiempos siempre celebraron sus fiestas con un sentido de trascendencia, de misterio, de religiosidad, y vieron, por ejemplo en las estaciones fecundas, en los alimentos, algo sagrado. El ritmo de las estaciones y de las lluvias, el ritmo del nacer, crecer y morir de la naturaleza siempre ha sido sentido como consustancial al hombre. El encuentro con Dios a través de la naturaleza es un encuentro común a todas las religiones de todos los tiempos y de todos los lugares. Un hombre sencillamente religioso, no ya cristiano, no puede soportar, por una especie de instinto fundamental, prescindir de la presencia del misterio, en los momentos esenciales de su vida, nacimiento, matrimonio, dolor, muerte.  Aquí aparece lo sagrado como fundamentalmente humano. Lee el resto de esta entrada

La celebración de los santos y la de los difuntos, celebraciones que no son teorías

La fe es lo más opuesto a las teorías. El creyente no puede llenarse de teorías. Puede servirse de algunas, algunas que son sólidas y auténticas.  Pero no puede quedarse prendido a ellas como a un bien propio de la inteligencia, como una deducción matemática, o una interpretación científica.

La fe no intenta acaparar su objeto, no puede hacerlo, la fe invade toda la vida y nos hace alcanzar a Dios. No se puede creer a medias. Eso no es fe, porque en Dios, en su palabra concreta que es Jesucristo resucitado, repito, no se puede creer a medias, no se le pueden poner límites, interpretaciones a nuestra medida. Ni credulidad, ni sectarismo, ni pereza. Toda auténtica fe es educadora, es creativa.  La fe es reconocer en mi experiencia, en mi historia, la Presencia de alguien distinto, que da un nuevo rumbo y sentido a la vida. La fe ciertamente implica “algo” más que humano. Nace, sí,  y se afirma, de manera humana, razonable, de forma afectiva, perceptible y vivible. Es fruto de un encuentro con la Presencia de Dios, a través de las circunstancias, situaciones o personas que sean. Es de una eficacia tan grande que no puede ni sospecharse. Cambia la vida. Se expresa con una palabra muy gráfica: conversión. El que realmente cree se convierte a Dios, a Jesucristo,  a su Palabra, a su manifestación. El que cree, cree en el amor de Dios y en todo lo que este amor engendra. Lee el resto de esta entrada

La Iglesia: lugar de unidad, encuentro y sentido

Eso es la verdadera Iglesia de Jesucristo: lugar de unidad, encuentro y de  pleno sentido para la vida de la humanidad.

Los católicos recordamos conmovidos los primeros días del pontificado del Papa Francisco y Benedicto XVI, y el encuentro en Castel Gandolfo, el sábado 23 de marzo, como un momento de profunda y elevada comunión. Benedicto XVI renovó su acto de respeto y obediencia a su sucesor y el Papa Francisco renovó y renueva su gratitud y la de toda la Iglesia por el ministerio del Papa Benedicto XVI durante su pontificado.

Estoy cansada de oír críticas que son verdaderos tópicos contra la fe y confianza en la Iglesia.  Sí se habla mal de mi familia va contra mí. Y mi familia es también la Iglesia. Soy Iglesia. La Iglesia es el lugar donde se anuncia el fundamento unitario del mundo, el lugar del anuncio de Cristo. Es el lugar de comunicación, de propuesta de sentido de la vida, donde la salvación puede acontecer. A través de la unidad, de quien realiza la unidad en el mundo, es decir, Cristo y su Iglesia, se reconstruye esa unidad del mundo en todo y para todo. Lee el resto de esta entrada

Experimentar mi intimidad en la oración

Cuando, Jesús de Nazaret, el Maestro,  el Señor, nos enseñó a rezar nos invitó previamente a descubrir nuestra intimidad, a entrar en nuestra interioridad: “tú, en cambio, cuando ores entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.”

Aterrizamos como siempre en nuestra humanidad. No se puede orar sin intimidad. La oración es lo más profundo del ser humano, el camino y la verdad para saberse a sí mismo, reconocer a los demás y toda la realidad. Pero ¿qué es la intimidad? No hay fórmula para definir la intimidad que es muy variada y compleja. Lee el resto de esta entrada

Tan natural como hablar por teléfono

Oración es tratar de amistad con quien sabemos nos ama. Una experiencia muy práctica para esta manera   teresiana de entender la oración: “¿Para usted que habla personalmente con Dios ¿es tan natural como hablar por teléfono?”.

En un libro muy cercano a nuestros problemas y preguntas,  y muy  lleno de la experiencia y sabiduría, de la sencillez y proximidad, del entonces Cardenal Ratzinger, en sus conversaciones con Peter Seewald, le preguntó el periodista: Para usted, que habla personalmente con Dios, ¿es tan natural como hablar por teléfono? A lo que el Papa le contestó: “en cierto modo, es una posible comparación. Yo sé que Él está siempre ahí. Y Él sabe sin duda alguna quién y qué soy. De ahí que aumente la necesidad de llamarle, de comunicarme, de hablar con Él. Con Él puedo intercambiar tanto lo más sencillo e íntimo, como lo más agobiante y trascendental. Para mí, en cierto sentido, es normal tener la posibilidad de hablarle en la vida cotidiana”. Lee el resto de esta entrada

Trato de amistad con quien sabemos nos ama

El trato de amistad con Quien sabemos nos ama es la vivencia de Teresa de Jesús sobre lo que es de manera concreta la oración. Es la traducción del Padre nuestro a su vida como lo expresa de manera excepcional en los últimos capítulos de su libro “Camino de Perfección”.

Esta reflexión es consecuencia de una conversación entre amigos en la que estuvimos completamente de acuerdo en que la oración  es la columna vertebral del ser humano, de la familia  y de la comunidad en que se vive. O sea la oración es necesaria, con una necesidad vital tanto desde el punto de vista personal, como familiar y comunitario, o sea desde la vivencia de Iglesia. ¿Cómo entender la Iglesia sin la oración? Lee el resto de esta entrada

Tal como es su domingo así será el día de su muerte

No sé si Vds. habían oído este antiguo dicho católico: tal como es su domingo, así será el día de su muerte. Lo recuerda Peter Seewald en la conversación que mantiene con el entonces Cardenal Ratzinger. Los dos van a ser hoy nuestra referencia, en el libro Dios y el mundo, las opiniones de Benedicto XVI sobre los grandes temas de hoy.

Ante el recuerdo del antiguo dicho católico: tal como es su domingo, así será el día de su muerte, el gran pensador y humanista Ratzinger contestó: “Si Dios y el domingo han desaparecido de la vida, faltan las reservas para realizar esta última transformación. Aunque la gracia de Dios es inagotable, no hay que dejar extinguirse estas calladas reservas en el alma, para que cuando se las necesite no las encuentre completamente vacías, y esto debería constituir todo una advertencia”. Lee el resto de esta entrada

Podemos imaginar lo que ocurriría si se dejara de hablar de Jesucristo…

Siempre estas pinceladas son consecuencia de una experiencia. Precisamente por todo lo que sucede, por todo lo que ocurre, por la presencia de la Iglesia, por las palabras del Papa Francisco en su continua presencia y cercanía, unos amigos hemos comentado: no podemos imaginar lo que ocurriría si se dejara de hablar, de sentir la referencia real de Jesucristo.

¿Podemos imaginar lo que se produciría si se dejara de hablar de Dios, de Jesucristo, de la vida eterna, de la verdad, de lo que es bueno y malo, del pecado…? ¿Qué se produciría: un silencio espantoso, una angustia mortal, unas corrientes demoledoras que acabarían con el ser humano, un derrumbamiento total? ¿Qué tendría sentido en la vida? Lee el resto de esta entrada

El Domund: una exigencia para el presente

Los miércoles por la tarde me cruzaba hace tiempo con un grupo de seminaristas jóvenes que iban a los Hospitales. Me encantaba. Su juventud y alegría me comunicaba que se han encontrado con Alguien, y con algo que les ha cambiado la vida. Igual que  Juan y Andrés en aquel día que se ha convertido en historia cristiana. También este año, sin conocerlos todavía, he visto un grupo de chicos que van de “esa otra manera”,  se lo he notado, y me he dirigido a ellos con la mejor de mis sonrisas: ¿verdad que sois seminaristas y vais a algún Hospital? Se os nota. Lee el resto de esta entrada