Dar gracias y pedir perdón

Si nuestro corazón se abre a la gratitud, también estará abierto al perdón, tanto para recibirlo como para darlo. Y si estamos abiertos al perdón estaremos abiertos a la gratitud. Porque en realidad el problema del perdón está en nuestra falta de apertura y reconocimiento de ser perdonados.

Sin perdón la persona no tiene ni presente, ni futuro. Pero el perdón necesita mucho de la gratitud. Todo se hace vivo y auténtico cuando se vive en este dinámica de la gratitud y del pedir perdón. Si no estamos abiertos a la gratitud, no experimentaremos el perdón, y si no perdonamos y nos sentimos perdonados no sabremos lo que es la gratitud.

Hace tiempo, pero se me ha quedado grabado, me comentó una chica joven, recién casada, que tenía dificultades con su madre y con su marido. Según ella el problema era su propia madre, a la que quería muchísimo, aunque había una dificultad fuerte que siempre había existido en su casa, y que  a medida que su madre se hacía mayor, y se iba aumentando la familia con nuevos miembros, yernos, nueras, nietos, se hacía más  dura la situación. Según ella la raíz era que su madre: no sabía dar gracias, ni pedir perdón.

Desde aquel día, que me impactó mucho,  lo he pensado y ante cada hecho de la vida diaria veo más claro lo importante y fundamental que es en la vida de las personas: el dar gracias y pedir perdón.  Es verdad que ambas tienen la misma causa, en el fondo un complejo de inferioridad, una falta enorme de sensibilidad y apertura, falta de carácter, falta de humildad y por tanto de verdad, de apertura, de sencillez, de nobleza, de seguridad, de saber lo que se quiere, lo que realmente es importante, y estar dominado por una evidente egolatría,  cierta envidia y resentimiento. Dar gracias y pedir perdón es lo que vulgarmente decimos ser “bien nacidos”.

Ciertamente tenía razón esta chica, las dos coordenadas que definen a una persona son: su naturalidad y capacidad para recibir, para ver lo bueno y tener una actitud positiva. En una palabra: dar las gracias, pero darlas con una actitud interior abierta al reconocimiento.  Y la otra coordenada pedir perdón, reconocer nuestros errores, nuestros fallos, comprender lo que nos separa, en lo que podemos herir, molestar, minusvalorar. Estas dos coordenadas  se implican mutuamente y llevan consigo muchas cualidades y actitudes fundamentales para ser feliz y hacer felices a los demás. Son auténticas raíces en la vida personal.

Sta. Teresa de Jesús es una persona  muy significativa, su carácter y su manera de ser es mundialmente reconocida. Para nuestra vida práctica tiene una sabiduría maravillosa. Era de condición agradecida, “el reconocimiento de las mercedes de Dios la  obligaba mucho más” “con una sardina que le dieran la sobornarían” “Si no conocemos que recibimos no nos despertaremos a amar” Nadie piensa evidentemente en sobornos retorcidos sino en la buena condición humana que ve que “con poquito que la tocasen con un alfiler lo sentía” y que había que ser “muy agradecidas con los bienhechores”. Y su actitud de reconocimiento ante como era perdonada por Dios; vivía convencida de su misericordia inagotable y como la ponían de manifiesto los pecados y errores. Vivía confiada en su misericordia;  “El libro de su vida”, como ella dice en una carta,  es el “libro de las misericordias de Dios”.

Dos amigos van charlando, dos amigos, eso sí del estilo de persona que describe Sta. Teresa porque van por la vida sabiendo que hay dos cosas que no se pueden olvidar y son las que verdaderamente producen alegría y bienestar: “dar gracias y pedir perdón”. Pues esos dos amigos que van charlando por la calle y son casi empujados por un matrimonio de cierta edad, pero, en lugar de enfadarse,  ceden el paso muy gustosos, y hasta cordiales. Se sorprenden al oír: “Gracias, muchas gracias señores”. Dicho con una cara distinta, con amabilidad, con una breve inclinación de cabeza y acompañado de una sonrisa afectuosa. Tras un momento de vacilación se dan la vuela y exclaman: “¡Alto ahí ¡ Un momento por favor. Hace años que raramente nadie da las gracias por cederles la acera. Lo normal es mirar para el otro lado. Y tirar “pa lante”. Así que si alguien tiene que dar las gracias somos nosotros a Vds. por mantener esa rara especie de gratitud y buena educación”. Charlaron un ratito y los cuatro contentos siguieron su camino.

Seguro que a Vds. y a mí nos han pasado cantidad de cosas de este estilo. E incluso hemos hecho amigos por situaciones tan reales y sencillas como la descrita. Lo que nos perdemos por no hacer un favor, por no agradecerlo, por no sentir la gratitud que los demás sienten  hacia nosotros. ¡Que distinta situación la tensión sin palabras que se genera por cada cual ir a lo suyo¡, y por ejemplo no brindar un asiento a otro que lo necesita más, adelantarse a facilitar algo. O hacerlo y encontrarse con la expresión congelada de la reina y del rey de la creación que van por la vida sintiendo que todo se les debe. Pero la persona que da gracias y pide perdón, no cambiará su actitud por eso. Tiene tal riqueza interior que lo comprenderá, porque otra vez la realidad de la vida: sólo nos enriquece lo que damos.

Por pedir perdón no se derrumba nada, por el contrario se crece como ser humano, se hace uno mejor persona. Los que piden perdón no tienen que fingir nada, simplemente son lo que son. Al pedir perdón dejamos de ser estorbo para nosotros mismos y para los demás. Esta actitud empuja hacia arriba. El mundo cambia cuando uno cambia, los demás te aman si decides amarlos Si adoptamos la decisión de dejar de pelearnos, empezaremos  a amarnos a nosotros mismos y a los demás. Es una paulatina liberación que se logra serenamente.

Cuando uno da gracias y pide perdón descubre un poder que está dentro de él, esto es experiencia pura.  El dar gracias y pedir perdón cambia nuestra manera de ver la realidad.

En Jesús de Nazaret hubo agradecimiento. Necesitaba de todas las cosas porque se hizo uno de nosotros. Él -vemos en el Evangelio-  respondía mirando a los ojos  y tocando el corazón. ¿Cómo será la mirada de Dios hacia nosotros cuando damos amor, cuando sabemos vivir desde el agradecimiento y el perdón?

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Publicado el noviembre 7, 2013 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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