El éxito en mi vida

Contigo, Esther, mi pincelada de hoy. Ya hace tiempo y quizá no te acuerdas, ya estás acabando Psicología y esto fue cuando preparábamos tu examen de ingreso en la Universidad de Elche.

Esther tenía 25 años y por un accidente estuvo en el Hospital de parapléjicos. ¡La de cosas que aprendimos, sentimos y vivimos juntas¡ Se gestó nuestra amistad.  Bueno, también con José María el capellán entonces del Hospital y  con tu familia.

Esther, tiene mucha riqueza interior, y no sé si decir que entre todas sus cualidades, lo que más  atrajo mi atención es su empatía. Un día hablaremos de la empatía, y la capacidad para recibir lo bueno. El paisaje de esta pincelada está centrado en lo que eran nuestras clases.  Mi mejor crítico hoy serás tú, Esther, ante la pincelada de “El éxito en mi vida”, de “tu éxito en la vida”.

Viktor Frankl dice en su libro “La voluntad de sentido” que hay tres clases de valores fundamentales en la vida: valores vivenciales, de nuestra experiencia diaria, de lo que nos sucede; valores creadores, o de lo que aportamos a la existencia, y valores actitudinales, o de nuestra respuesta en circunstancias extremas, difíciles. Es decir valores que se manifiestan cuando sabemos asumir el dolor, golpes del destino.  Estos son los más elevados porque es el cambio de actitud ante la situación, la modificación de dentro hacia fuera. Lo importante no es lo que sucede sino cómo entendemos y respondemos ante lo que sucede. Jamás falta el sentido en la vida. La vida cobra más sentido cuanto más difícil se hace.

A pesar de todos los problemas que podemos tener, toda vida vale la pena ser vivida. Porque lo que importa es dar testimonio de la mejor y exclusiva potencialidad humana: transformar todo en un proceso de libertad, de logro personal. Siempre soy libre de actuar de un modo o de otro. “Quien siente su vida vacía de sentido no solamente es desgraciado sino apenas capaz de sobrevivir” (Einstein). En la religión cristiana se ve clarísimo lo que conllevan estas tres clases de valores porque es la religión de la fe, de la esperanza, del amor, pero al mismo tiempo del esfuerzo, del compromiso consigo mismo y con los demás. Cada uno de nosotros somos únicos e insustituibles, como es un hijo para sus padres, como es un amigo. Cada uno tiene su misión  y su puesto en la familia cristiana.

La vida es una misión que Dios nos ha encomendado, una vocación de servicio, de cuidado de nosotros mismos, del otro, de nuestra comunidad, de los problemas que acontecen en nuestro mundo, en nuestra época. El Señor es siempre Aquel que viene y en nuestra vida vamos caminando hacia su misericordia. Si nos dejamos formar por ella, entonces vamos por el camino correcto, nuestra vocación se realiza. Dejarnos formar por la misericordia es dejarnos formar por un poder opuesto a la falta de misericordia del mundo, y así ayudamos y colaboramos a que esté  en nuestras situaciones concretas Cristo y su misericordia.

En este preámbulo está el planteamiento que de esta pincelada de mi éxito en la vida.  S. Agustín daba un consejo fundamental a los jóvenes: nutrid, alimentad vuestras alas. El mismo hombre que decía: ama y haz lo que quieras. Porque cuando se ama de verdad sólo se harán cosas dignas y grandes. Varios siglos después un filósofo persa, Rumi, dice algo parecido: nacemos con potencial, con confianza y bondad, con sueños e ideales, con grandeza, con alas. No estamos destinados a arrastrarnos. Tenemos alas, aprendamos a usarlas y volemos.

Quizá algunos lo hemos oído: el único lugar en el que encontramos la palabra éxito sin esfuerzo es el diccionario. Nuestra gran pregunta es que entendemos por nuestro éxito, qué es lo que realmente constituye nuestro éxito, y nos proporciona la satisfacción de nuestra plenitud. Si no somos conscientes de lo que realmente significa nuestra vida ¿cómo vamos a experimentar nuestro éxito?

Lo comentábamos Esther y yo ¿nos sentimos realmente bien? ¿Cuándo nos pasa el tiempo sin que nos demos cuenta? ¿Cuándo sentimos que somos nosotras mismas, que hacemos pie en nosotras mismas, que somos más auténticas? ¿Cuándo ponemos en la vida nuestra capacidad, nuestros talentos, la realización de nuestras posibilidades? ¿Qué actitud tenemos ante las situaciones más duras y difíciles?

Esta es la riqueza de los valores vivenciales, creativos, actitudinales. Cierto que tenemos que librar batallas más de una vez para ganarlas. No hay que estar pensando siempre en el ayer, sino asegurarnos de que  el “ahora” es lo mejor que tengo entre las manos.  Cuanto más firme sea mi fe, más confiada mi esperanza, mejor podré vivir. Los fallos y dificultades no pueden cortarnos las alas, ni hacernos perder el entusiasmo. No se sale adelante celebrando éxitos, sino superando nuestras dificultades y fracasos.

Me gusta ese dicho de que no hay que ser excelente para empezar, pero tengo que empezar para ser excelente. ¿Verdad que también hemos oído que vale más un kilo de ánimo que una tonelada de suerte, y  que no hay viento bueno para quien no sabe a donde va?

El éxito en mi vida. ¿De qué me sirve ganar todo el mundo si me pierdo? La primera piedra del éxito en mi vida, la primera piedra para vivir esos valores que dice Viktor Frankl : es saber que Dios me ama y me ofrece un plan para mi vida. Que mi vida está plena de sentido. Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito para que todo el cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Y la segunda es mirar a Jesús como nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Ese es el gran éxito de la vida.

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Publicado el noviembre 18, 2013 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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