Con Jesucristo o sin Jesucristo

Ciertamente esa es la realidad. Es la disyunción de nuestra vida: sin Jesucristo o con Jesucristo. Sus palabras son claras: “Sin mí nada podéis hacer” “El que no está conmigo está contra mí”.

Sin Dios nada tiene sentido, pensémoslo desde todos los puntos de vista y situaciones. Sin Dios es imposible pensar, entender nada. Y ¿cómo sabríamos que Dios nos ama sin Cristo? Jesucristo es la manifestación del amor de Dios, de su amor redentor de Padre. Y por tanto, todo el misterio de Cristo es la revelación de Dios, de su relación con nosotros: encarnación, vida, muerte y resurrección. Resurrección que es la certeza de nuestra fe, porque si Cristo no resucitó nuestra fe es vana.

El milagro central del cristianismo es la Encarnación, el hecho de que Dios se hizo hombre. Los demás son una preparación para este, lo señalan, o son su consecuencia y plenitud.  El baja a lo profundo para surgir de nuevo y levantar todo el mundo arruinado hacia arriba, con Él. No se cansa uno de sentir: donde abunda el pecado sobreabunda la gracia. El amor de Dios es infinitamente más inmenso que el mal.

¿No es el sentido de la vida el problema fundamental de toda la historia? Mi problema fundamental es el sentido de mi vida. “¿De qué os sirve fabricar la vida misma si habéis perdido el sentido de la vida?” dice Bernanos en “El diario de un cura rural”. Y en esa misma novela  acaba con la famosa frase del cura que muere: todo es gracia. Esperanza, sí. Pero esperanza cristiana, no bobalicona convicción de que la batalla se ganará sin esfuerzo.  Es como la gota de agua que se pone, en el ofertorio, en el vino del cáliz.  Pues la esperanza en la victoria no ahorra los penosos encuentros, los continuados choques, la permanente actitud alerta. Es la victoria de la fe, de nuestra fe en todo momento. Si llegáramos a reconocer, a experimentar, que la fe  es la verdad de lo humano miraríamos todo de otra manera, viviríamos de otra manera. “¿No es la gran experiencia de la vida poder verificar que viviendo de la fe en el Hijo de Dios que ha dado su vida por nosotros todo se vuelve más verdadero?” “Por eso la auténtica amistad es la compañía hacia nuestro destino” (Giussani).

Sin Jesucristo la vida es un sin sentido continuo y  un terrible drama. Yo creo que hay muchas personas que nos rodean, que sencillamente se mueren de sed, sobre todo jóvenes, y pretenden saciarla con soluciones que les agudizan más su angustia. Si nos ponemos frente a ellos y  preguntamos por su vida, por su sentido, por su valor ¿qué nos contestan?

¡Pobre ser humano, por ejemplo el de Kafka, que busca siempre habitar en aldeas en las que no “se cuenta con él”, en las que siempre está de más¡. Son imágenes sombrías y angustiosas de la perdición del hombre sin esperanza, sin fe, sin confianza. No encuentra acceso al Castillo al que necesita ir a pesar de los desesperados esfuerzos que hace. No hay posibilidad de comunicación, los caminos que conducen están obstruidos, no se puede llegar a los empleados para obtener un salvoconducto. Los teléfonos están también desconectados, además una respuesta no solucionaría nada ¿Qué credulidad se le podría otorgar? ¡Pobre ser humano que no tiene derecho a la “ciudadanía” que realmente le importa, le salva, le plenifica, de hijo de Dios, de heredero de su gloria. En los momentos trascendentales de búsqueda se duerme y durante el sueño, muere. La salvación ha llegado demasiado tarde. O el hombre envuelto en un proceso inacabable, en el que nadie sabe decirle nada, pero existe un proceso en su contra.

Pero esas posturas que hacen  del hombre un extranjero,  un infierno, un absurdo, están todas cimentadas sobre nuestro anhelo de infinito, sobre la base de nuestros interrogantes más profundos. Parece que estamos en un momento de “técnicas de liberación” en el que cada uno inventa el mundo a su manera., y tiene una más o menos personal escala de valores, y una más o menos, también, redención. Para muchos “aventura” parece ser la palabra mágica. La pena es no “aventurarnos” en lo que realmente es nuestra gran y única aventura: por qué y para qué hemos nacido., De otra manera la libertad  queda vacía, sin sentido. y viene la depresión, el enojo, la angustia. Como advierte Pascal: “sin Dios se vive sin estar presente verdaderamente en la vida”

El hecho de la Encarnación y Resurrección de Jesucristo, su Presencia ya eterna, nos transmite una realidad infinitamente mayor que todos los símbolos, y es la gran respuesta a toda pregunta. El que la vive, siente una profunda alegría. A partir de ella  no se puede vivir a medias. Realmente existe una única verdad, “la gran verdad de la fe”, la sinceridad de la fe, la sinceridad con que se profesa, con que se vive. Jesucristo da a los problemas una respuesta, y a todo una significación. El amor de Dios manifestado en Jesucristo agranda nuestro corazón y le abre capacidades infinitas. Este amor no suprime ninguna otra relación legítima; todo lo contrario, le confiere fidelidad y mayor intensidad. La naturaleza está llena de signos a través de los cuales se lee a Dios. No podemos dejarnos invadir por los materialismos y credos científicos. Cristo, hombre-Dios, esa es la clave de bóveda que todos los hombres en nuestra autoconciencia venimos buscando. En El está la grandeza de nuestro destino.

Lo que se propone a nuestra libertad es el camino para realizarnos en la sencillez de nuestra vida diaria, en el trabajo de casa, en  la familia, en la empresa, en la oficina, en el hospital, en la actividad que sea nuestro medio de vida, cada momento es un momento eterno. En este caminar vamos conociendo cada vez más, en su verdadera dimensión, los hombres de la tierra y la tierra de los hombres. La ciencia es una apertura a nuevas conquistas, pero no es la clave de bóveda, es un instrumento fabricado por nosotros mismos, a nuestro servicio. Estamos convirtiendo lo que llamamos “el progreso” en servidumbre; al hombre en esclavo de la utilidad, de la rapidez.; como son los pasajeros del tren que contempla asombrado el Principito.

Necesitamos identificar verdad y vida, y esto sólo puede darse en Cristo, camino, verdad y vida, Dios hecho hombre, que nos muestra a un Dios personal que es Amor. Siempre “por Cristo, con Cristo y en Cristo, como expresamos en la Eucaristía, porque sin Él nada podemos.

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Publicado el noviembre 19, 2013 en Una ventana abierta - Hª Carmen Pérez, stj. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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