El valor de una sonrisa

Estos días todos sonreímos ¿no?,  por lo que celebramos: la venida de Dios a nuestra condición humana. Nos alegramos y nos deseamos unos a otros reconocer la realidad y grandeza de este misterio en el que está toda nuestra vida. Por eso he pensado en el valor de la sonrisa, de la sonrisa que brota del corazón que se sabe querido, amado, mirado, salvado.

Es gráfico ese proverbio escocés: la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. La sonrisa auténtica es un idioma universal. Por eso la sonrisa del Papa Francisco ha inundado el mundo. Su sonrisa es tan clara y tan abierta que transmite apertura, confianza, amor y alegría. Etelvina Sánchez es una mujer de 62 años que sufre de artrosis y otras enfermedades y que, para mantenerse y ayudar a sus hijas y nietos, pide dinero en el atrio de la Catedral de Buenos Aires, pues ella tiene siempre en su corazón la sonrisa de el entonces Cardenal Bergoglio: “siempre me atendió con una sonrisa”.

Hay muchas versiones del valor de una sonrisa. La versión que yo tengo esta en italiano: Valore di un sorriso, y lo firma P. John Faber.  Es una preciosa cartulina, enmarcado el texto en una alegre acuarela, tamaño folio. La  tengo hace muchos años  y es un regalo de dos antiguas alumnas del colegio Jesús Maestro de Madrid: Cristina y Mercedes, me la trajeron de Italia donde habían ido como enfermeras. “Dar una sonrisa devuelve la felicidad al corazón, enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la da. No dura más que un instante, pero su recuerdo permanece por largo tiempo. Ninguno es tan rico como para no poder hacerla de menos, ni tan pobre de no poder darla. La sonrisa crea alegría en la familia, da sustento en el trabajo y es signo tangible de amistad. Una sonrisa da alivio a quien está cansado, renueva el coraje en las pruebas y en la tristeza es medicina. Y si encuentras a quien no te la ofrece sé generoso y dale la tuya, ninguno tiene tanta necesidad de un sonrisa como el que no sabe darla”. Lo importante de la sonrisa es que es como  “la marca de la casa”.

Me gusta esa expresión de Bernanos de que un cristiano triste es un triste cristiano. Los cristianos tenemos razones más que suficientes para vivir con alegría, sonreír y estar agradecidos por la vida. Es lo que todos estos días vivimos y celebramos. A veces parecemos vivir los cristianos más oprimidos que queridos por Dios, pese a las exhortaciones que se nos hacen constantemente en el Nuevo Testamento: “estad siempre alegres en el Señor”. Esta actitud es todo lo contrario a una actitud de cumplimiento mínimo.  ¿Y si viviéramos nuestra vida cotidiana, con todas sus rutinas y problemas, con todas sus tensiones y dificultades,   sabiendo que  el Señor es nuestra alegría?

La sonrisa capta la atención, la estimación y el respeto de todos. Una sonrisa es la mejor embajadora de la persona. Es curioso que se necesiten 43 músculos para fruncir el ceño y solo 15 para sonreír. Ciertamente la sonrisa que se da de corazón dura siempre. La sonrisa ha de ser espontánea, y desinteresada. Lo que más nos gusta a las personas es ser apreciado, y realmente la sonrisa demuestra aprecio. La raíz está en que los pequeños gestos son importantísimos, entran en nuestro corazón y nos producen paz y alegría. ¡Cuántas veces nos han hecho felices con una sonrisa que era expresión de cordialidad¡

En una sonrisa damos  lo bueno que hay en nosotros, desde luego paz y seguridad. Es un hecho que la sonrisa habla de acogida, confianza, es como un decir “estoy contigo”. La sonrisa hace sentir bien, tanto a uno mismo como a los que nos rodean. Nos haría bien el ser portadores de ese gesto tan significativo. Es un gesto de enorme valor si lo hacemos con sinceridad, como muestra de saludo, acogida, respeto, de agradecimiento sincero. En nuestras relaciones personales desencadena actitudes positivas y crea un buen clima. Desde luego no se puede sonreír como quien tira un papel a la papelera. Realmente decir gracias y sonreír es bueno para todos.

Podemos buscar motivos para sonreír, porque los tenemos. Nuestra actitud cambiará. La razón más importante para ello es lo que nos dice el Señor: “Yo os daré una alegría que nadie os podrá quitar”. Con una sonrisa no se puede herir a las personas, criticarlas, ofenderlas. La sonrisa es un método natural del levantar el ánimo. Cada vez se confirma más que mejora el estado físico del cuerpo humano. Los estudios muestran que la risa relaja los músculos tensos, reduce la producción de hormonas que causan el estrés, rebaja la presión de la sangre, y ayuda a incrementar la absorción de oxígeno en la sangre.

No sigo por este camino porque estos datos son de sobra conocidos, aunque ocurre lo de siempre, que el saber no implica nada si no se pone en práctica. Es cierto que la sonrisa levanta el ánimo, crea un ambiente más agradable, mejora las relaciones, Las personas alegres son bien recibidas en todas partes y comparten todo lo que tienen. Su sonrisa es ya el anuncio de su generosidad.

Un monje andariego que siempre sonreía,  se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa y la guardó entre sus cosas. Un día se encontró con un viajero y al abrir su bolso quiso compartir sonriente con él sus provisiones, como siempre hacía, el viajero vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin más, con la mejor de sus sonrisas. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa, que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del sonriente monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó: “Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya, valiosa como es. Dame, por favor, tu sonrisa y generosidad que es lo que te permitió darme la joya”.

Danos Señor la sonrisa y la generosidad que nacen de un corazón que se sabe habitado por Ti. Tengo un amigo, Nacho Pereira, que cuando le digo que Dios le de el “ciento por uno” me dice sí, pero hay que poner el “uno”. Pongamos ese “uno” en las medidas de Dios y tendremos el “ciento”. ¿Cuál ese “uno en las medidas de Dios”?  Eso que lo hemos de solucionar cada uno.

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Publicado el diciembre 23, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Comidas de Adviento

    Ese minúsculo uno… el Señor nos pide esa pequeñisima generosidad para darnos regalos muchísimo más grande.
    Una sonrisa ¿no es un “uno” bien pequeño? pues regalémosla a diestra y a siniestra.
    Me autoimpongo ese pequeño compromiso: sonreir todo lo que pueda.
    Muchas gracias, Ojodeaguila.

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